Mención Honrosa
Mi abuela no usaba tarjeta. Guardaba los billetes como estampitas: doblados,
alisados, con olor a lavanda y aceite frito. El vuelto lo contaba dos veces. «Las
monedas pesan más que la culpa», decía. Una vez pagó con un billete falso. Lloró
todo el camino. No por la multa, sino por la vergüenza. Desde entonces, solo usaba
monedas. Cuando murió, encontramos su cartera: una decena de moneditas
ordenadas por año, por tamaño, por santo. Nunca gastadas. Las enterramos con
ella. El cajón se hundió rápido. Era mucho peso para la tierra.
Donald Mcleod Bravo, 37 años, Punta Arenas.
Ilustración: Camila Cruz

